Norma Píngaro: Psicoanálisis en pandemia

Psicoanalisis Pandemia | El Gran Otro


El psicoanálisis ha ido cambiando sus paradigmas desde Freud, pasando por Lacan, hasta la actualidad, esto implica que los analistas consideremos en nuestra práctica los nuevos malestares culturales, tan diferentes de la época en que el maestro Vienes llevó a cabo su desarrollo teórico. El feminismo, con grandes teóricas, ha interpelado ciertos conceptos psicoanalíticos como el complejo de Edipo y la teoría falocéntrica. Lo ha hecho continuando con la misma metodología con la que Freud revisó los axiomas de su época.
Otro cambio es la falta de palabra en nuestra sociedad, eso  lleva a que haya un  predominio de cierta sintomatología del acto y de  patologías llamadas de borde que se observan en la presentación de los pacientes tanto en el ámbito público como privado. Ante esto he afirmado la necesidad de inscripción de lo traumático, más que de su interpretación, decodificación de lo reprimido en la labor analítica. Es lo mudo que no se ha unido al vocablo que lo representa. En esta zona el trabajo del analista es de construcción y señalamiento, es de donar palabras a aquello que aconteció y no fue nombrado.
¿Pero qué sucede cuando la sociedad toda se ve conmovida por una pandemia de orden mundial que afecta la vida de sus integrantes y que nos condiciona en lo más íntimo de cada uno?
En forma vertiginosa tenemos que habituarnos a prácticas de higiene que se llevan a cabo con una mezcla de temor e impericia. Muchas veces gana la depresión, otras la paranoia y otras la negación.
La pandemia del coronavirus nos trae una subversión de situaciones: el otro es un potencial transportador del virus que puede ser mortal. La indicación es el aislamiento social, yo diría el aislamiento corporal. No estamos físicamente cerca, pero encontramos modos de sentirnos acompañados. El otro entonces aparece en un doble sentido: su cercanía alimenta nuestro miedo al contagio, por un lado, pero por otro, nos sostiene en una red afectiva.
Desde la trinchera
En el consultorio la presencia del analista se hace mediática, por medio de video llamadas,  Skype  y zoom  o simplemente a través de la atención por  la llamada de línea telefónica. La palabra circula eficaz a pesar de la ausencia corporal. Desafíos, donde solemos acompañar al paciente a hacerse cargo de él mismo, de sus rutinas, de su cuidado, para que pueda procesar, metabolizar algo de lo traumático. Los que llevamos un tiempo trabajando con esta modalidad sabemos de su eficacia.
Qué tal, le pregunto en nuestra segunda consulta desde su regreso del extranjero, tengo fiebre, me contesta, instintivamente arqueo la espalda y me alejo, apoyándome en el respaldo. Pero la pantalla es un escudo imaginario que relativiza mi miedo y me permite acompañar, contener, sostener la mirada como un abrazo fraterno. Su padre tiene EPOC y la posibilidad de su contagio la angustia sobremanera. En la fiebre de la noche tuvo pesadillas, las escribió, las lee en la sesión, pero no hay margen para muchas interpretaciones, sólo algunas repreguntas y permitir un espacio para hablar de lo que nos sucede, a todos, a la humanidad entera.
Hoy me escribe contándome que el test del covid19 dio negativo y que tiene infección urinaria. Concluye con un: ¡qué felicidad! Yo  respondo con un: qué felicidad. Son así estos tiempos, contrarrestamos la pulsión de muerte con amor de transferencia.
Soñé con vos me cuenta otra paciente, era un día de sol, vos estabas en mi ventana y así teníamos la sesión. Ventanas hacia la comunicación, diferentes escenarios que nos permiten comunicarnos.
Otra paciente llora relatando un recuerdo. La veo desde la pantalla, sin embargo, mecánicamente tomo los pañuelos de papel tisú para alcanzarle uno. Ella se da cuenta y me muestra el suyo. Hay que pensar palabras para reemplazar las palmadas que podríamos dar en el saludo al finalizar la sesión.
Te quiero mucho, me dice un paciente y lejos de pensar en una transferencia amorosa, entiendo y  respondo. yo también.
Un jovencito me saluda al inicio de la sesión y me pregunta cómo estoy, bien digo, ¿y vos? Inquiero. Reitera la pregunta: ¿pero estás bien? Quiere garantías. Garantías que nunca hay. Y menos en estos momentos.
Lo fundamental para que el psicoanálisis funcione es la transferencia, el lugar donde quedamos ubicados al principio del análisis, de supuesto saber dirá Lacan, la creencia, por parte del paciente, de qué sabemos por qué le pasa lo que le pasa. Para llegar a ese punto el sujeto tendrá que haberse hecho una pregunta que no puede responder solo. El escenario puede diferir y funcionar igual pero el dispositivo requerirá ciertas condiciones: una pregunta por parte del sujeto, la abstinencia por parte nuestra.
Es así que estando yo en el hospital público, atendiendo en el patio porque en ese momento no había consultorios, hubo, sin embargo, un paciente y hubo también una analista.

Traumatismo extremo

Esta pandemia, de crecimiento vertiginoso, es un trauma, sí, pero de aquel que es general y que conmueve a la sociedad toda: el traumatismo extremo. El que se da en las catástrofes, en todo aquel acontecimiento que asesta el golpe sin excepciones en toda la población. Pero la repercusión en cada sujeto en particular, he ahí nuestro trabajo. Hablamos entonces del instante catastrófico del que refiere Le Poulichet, aquel que irrumpe en un momento determinado y no tiene palabras ni sujetos que lo nombren.
Este traumatismo extremo viene ligado por lo general a un estado de excepción, con normativas y disposiciones de características particulares según el país que sea. Algunos privilegian la economía, por sobre la vida de los adultos mayores, que son la franja etaria con más riesgo de mortandad, por ahora. Otros, ponen el acento en evitar muertes. Este estado de excepción que posibilita que por razones de fuerza mayor, en este caso la pandemia, se dejen de lado algunas garantías constitucionales y funcionamientos democráticos a fin de organizar esta urgencia.
El riesgo es que, cuando finalice la cuarentena, esa excepción se convierta en constante y se pierdan derechos ciudadanos.
¿Solidaridad versus capitalismo?
Zizek[1] afirma que se  necesita tomar medidas de un comunismo de guerra: coordinación de la producción y distribución fuera de las coordenadas del mercado, dado que las condiciones sociales que hicieron posible el coronavirus fueron: la globalización, el mercado capitalista y la transitoriedad de los ricos. Se trata de tener una alternativa social de cooperación y solidaridad mundial, según Zizek: reinventar el comunismo. La información debe ser compartida a nivel mundial y la acción coordinada. Sería una forma de comunismo reinventado.
¿Será posible eso? Hay demasiados intereses en juego. Creo que algo es ineludible: ya no se podrá hablar tan fácilmente de hacer recortes y de achicar el presupuesto, sobre todo el de salud. Esta pandemia puso al descubierto la verdadera importancia de ciertas cosas, la salud entre ellas. Ahora se necesita de una organización mundial que no esté a merced de los mecanismos del mercado. Los países lo pudieron hacer en situación de guerra, ¿se podrá hacer ahora?
Por otro lado, Byan, afirma que la revolución no la hace ningún virus. Acertada acotación que requiere de la participación activa de los integrantes de una sociedad para que se dé un cambio revolucionario. Byan sostiene que puede suceder lo contrario de lo que afirma Zizek: un recrudecimiento del estado controlador y policíaco, como se ha visto en China o en Corea del Sur.
Cierta posición de países capitalistas como Estados Unidos y el Reino Unido son otro extremo que resulta mucho más desalentador: considerar la posibilidad de abandonar a ancianos y débiles a una suerte de muerte. No creo que ese sea el camino. Como afirma Zizek nuestra prioridad es ayudar incondicionalmente a aquellos que necesiten asistencia para su supervivencia y se debe incluir al cuidado de la naturaleza. Estas decisiones deben ser políticas, lo que implicaría una revalorización de la misma.
 “El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo.” Afirma Judit Butler[2], para luego preguntarse: “¿Por qué algunos todavía se entusiasman con la idea de que Trump asegure una vacuna que salvaguarde la vida de los estadounidenses, como él los define, antes que a todos los demás?”

Volviendo al psicoanálisis

El psicoanálisis no queda al margen de esto. Es poner el acento en la ternura y no en la supervivencia del más apto. Pasar de la horda primitiva a una organización social que proteja a sus integrantes. El psicoanálisis continúa su labor permitiendo al sujeto la expresión de su angustia y miedos, posibilitando la metabolización de situaciones tan vertiginosamente cambiantes. Utiliza para ello nuevas herramientas virtuales, pero mantiene la misma ética: posibilitar un espacio para la expresión del sujeto, reforzando los vínculos amorosos y solidarios. En nuestra tarea podemos pensar al virus como un real de la naturaleza que se está tratando de descifrar, intentando inscribirlo, así como este tiempo que transitamos. Un tiempo diferente que irrumpe como un real que tratamos de contabilizar.
 Se puede pensar lo que sucede como un real que irrumpe, al decir de Miquel Bassols[3], psicoanalista español:
“La experiencia de lo real en la que nos encontramos no es pues tanto la experiencia de la enfermedad misma sino la experiencia de este tiempo subjetivo que es también un tiempo colectivo, extrañamente familiar, que sucede sin poder representarse, sin poder nombrarse, sin poder contabilizarse. Es este real el que le interesa y trata el psicoanálisis. La dimensión de síntoma de esta experiencia sucede sin estar necesariamente habitados por el coronavirus mismo, sólo por el discurso que intenta dar un sentido a su irrupción en la realidad como efecto de la pura ley de la naturaleza.”
Existe una vivencia de riesgo inminente, que muchos medios de comunicación favorecen, que pone a los sujetos en urgencia. Es un cimbronazo a la estructura que provoca la aparición de variados indicadores: angustia, miedo, ataque de pánico, ira, desconfianza, cierto estado paranoide, hipocondría, delirio, trastornos obsesivos compulsivos. El abanico es variado, desde la inhibición absoluta a la omnipotencia maníaca, que no sólo encierra la negación sino también la desmentida, que implica razonar: “sí, lo sé, pero aun así”. Se ha visto mucho en los floridos ejemplos de gente que utilizó toda su imaginación para evadir  la cuarentena y otros dónde sus razonamientos son totalmente contradictorios. La verdad es que  hay un invisible y peligroso virus del cual la mayoría no está inmunizada.
Bassols afirma que es necesario una experiencia colectiva de lo real y para ello está bueno recurrir a la premisa de los estoicos: Serenidad ante lo previsible, coraje ante lo imprevisible y sabiduría para distinguir lo uno de lo otro. Siempre pensé que los mantras budistas pueden ser una versión obsesiva de creer que se está haciendo algo, cantar el mantra, cuando nada se puede hacer. Es muy difícil esperar los acontecimientos cuando es poco lo que podemos hacer. Aquí es donde aparece el psicoanálisis.
El psicoanálisis opera en lo imprevisible, lo real sin ley. Opera en la urgencia, poniendo palabras, buscando razones, conjeturando, comparando, atribuyendo causas. Es decir, le permite all sujeto ir codificando este indomable real.










[1] Slavoj Zizek. Título original: PANDEMIC!: COVID-19 Shakes the World
[2]
1Judith Butler sobre coronavirus y poder: de Trump: La enfermedad  de la desigualdad. Artículo original: Capitalism has its Limits. Consultado 24/3/2020

 [3] Coronavirus: La ley de la naturaleza y lo real sin ley. https://www.elliberal.com.ar/noticia/524503/coronavirus-ley-naturaleza-lo-real-sin-ley Consultado 23/4/2020

Comentarios